Entrada del teatro alternativo La Maquina.

Las salas alternativas, la apuesta por la “cultura segura” del teatro

Rechazan "la satanización de los lugares cerrados" porque "el teatro no es un lugar peligroso"

Las salas alternativas han levantado el telón este fin de semana. Comienza una nueva temporada que, irremediablemente, estará marcada por el Covid. El teatro debe superar no solo las restricciones de los aforos impuestos al sector sino la “satanización de los espacios cerrados” que se ha realizado en los últimos meses. Durante estos meses han aprendido mucho, pero sobre todo trabajan para convertir sus salas en “cultura segura” porque lo que “aniquila” al sector es que “el público no venga y eso sí que está pasando”.

“Estamos cumpliendo”

Desde las salas alternativas se están aplicando todo tipo de protocolos para conseguir espacios seguros para los espectadores. Como explica el codirector artístico de Espacio Inestable, Jacobo Pallarés, “intentamos proteger nuestra actividad, hemos hecho todos los protocolos posibles, con restricciones y control de aforo, la separación de espectadores, también la distancia frente a los actores, las entradas, la limpieza, geles. Estamos cumpliendo y estamos manteniendo nuestras actividades igual que antes”.

Sin embargo, a pesar de implantar todas estas medidas, los teatros están sufriendo la psicosis de los espacios cerrados. Como explica el director artístico de La Máquina, Rafa Cruz, “se está satanizando mucho a los espacios cerrados y el teatro se ha situado en el número uno de los espacios peligrosos para mucha gente”. Por el contrario, mucha gente sigue celebrando actos sociales y familiares “donde se relajan un poco, se quitan la mascarilla, los niños pierden todo tipo de distancia, pero no es en el teatro donde la gente se contagia”. Pero el principal problema, “lo que nos aniquila es que el público no venga y eso sí que está pasando: Mi reclamo es que el teatro no es un lugar peligroso. Sólo pido que no inciten a que la gente no vaya”, sentencia Cruz.

A esta circunstancia se unen las restricciones que se han aplicado y que “nos vienen mal porque generan miedo”, afirma Jacobo Pallarés, porque al final afectan a los ingresos. “Las salas alternativas tienen los ingresos propios de las taquillas, que no son determinantes para nuestro desarrollo, pero los proyectos de formación y cursos que tenemos sí son determinantes” para nuestro trabajo que ahora se está viendo afectado. Además, a esta situación económica se unen las propias exigencias económicas que las salas derivadas de las adaptaciones de los espacios, “con todos esos protocolos que nos están cansando y nos están extenuando a nivel económico y de tiempo”, explica Pallarés.

Jacobo Pallarés, codirector artístico de Espacio Inestables. Fotografía de Estrella Jover.

“Vivimos semana a semana”

La consecuencia inmediata ante esta situación es que, “en nuestro caso, como señala Rafa Cruz, la situación del teatro es dramática. El aforo quedó reducido y la gente, con toda la campaña que hay sobre los lugares cerrado, se ha sumado a esa reducción y hemos perdido alrededor de un 70% de espectadores. Si no tuviéramos la escuela, la sala estaría cerrada”.

Vivimos semana a semana, por no decir día a día. Si se ha podido hacer la función, se han podido dar las clases, lo celebramos. Intentamos ver los positivo”. Así explica director artístico de La Máquina, Rafa Cruz, la realidad que afrontan las salas alternativas. De cara al futuro, no se plantean la posibilidad de un cierre como el que se vivió a finales de marzo. “Ahora mismo ponernos apocalípticos” no tiene sentido. Si se repite un confinamiento, “es posible que nos planteemos un cierre del espacio”, que afectaría a mucha gente que vive alrededor de las salas. Así, los propietarios que viven de sus alquileres, los proveedores, los actores, se enfrentarían a una nueva situación que “yo no quiero ni pensar en eso porque me entraría pánico”, afirma Rafa Cruz.

Precariedad escénica

En este sentido, la situación ahora es muy distinta de la que se vivió en marzo. En aquel momento, la temporada ya estaba muy avanzada, lo que permitió que las salas se mantuvieran. Por el contrario, ahora, al inicio de la temporada, “nos pillaría con el pie cambiado y podría pasar que se cayeran bastantes proyectos”, indica Jacobo Pallarés. De momento, “todavía no ha caído ningún proyecto, pero es muy peligroso decir todavía porque parece que queremos decir que caerán”.

Sin embargo, la pandemia ha provocado que sean más visibles algunos de los problemas del teatro actual. “La cultura escénica arrastra una precariedad de base desde hace muchísimos años. Donde más afecta es a los actores, por su oficio temporal, pero también a las empresas que tienen una sala con una determinada estructura”, señala Pallarés. Por otro lado, las salas han podido mantener sus proyectos porque escuchamos “cantos de sirenas” sobre las ayudas del ministerio, pero que se resienten porque “tardan en darse”.

De todas formas, los números y la situación de 2020 “no parece que todo vaya bien, pero mantenemos una actividad, los 46 socios se están manteniendo, adecuando la programación”. Quizá, el éxito para alcanzar esta supervivencia es, en opinión de Pallarés, “porque hemos sabido vivir en la precariedad durante mucho tiempo. Estamos más preparados que otros. Hemos sabido mantenernos pero vivimos en la precariedad”.

A pesar de esta situación, el 2020 es el año que más ayudas se han recibido para las escénicas, tanto a nivel de la Generalitat como del ayuntamiento de València. “Estamos en el mejor momento de la historia a nivel económico y tenemos gente que nos escucha y con la que podemos hablar tanto la concejal Maite Ibáñez, en el Ayuntamiento de Valéncia, como la secretaria autonómica de Cultura Raquel Tamarit, son sensibles y nos escuchan”, señala Pallarés. Pero a pesar de esos recursos, podemos “morir de éxito” porque “estamos en el mejor año de subvenciones pero el nivel estructural es de los peores. Estamos con el mismo modelo que nos ha llevado a la crisis del sector, ya antes del Covid, donde la precariedad ya estaba instaurada”, un modelo que “no está planificado a largo plazo, seguimos trabajando en el corto plazo”.

Un artículo de Ignacio Calabuig

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